Paul Lukacs - 2 de noviembre de 2005
“Argentina se ha convertido en un fuerte jugador dentro de los países denominados del Nuevo Mundo”. A pesar de su vasta trayectoria como país productor de vinos, en el pasado, pocos bodegueros se preocuparon realmente por exportar volúmenes significativos. Hasta hace varias décadas, los argentinos consumían la mayor parte de su producción y es por ello que durante tanto tiempo nadie se preocupó mayormente por los gustos y preferencias a nivel internacional.
Sin embargo, cómo han cambiado los tiempos! Como sucedió antes con otros países productores, las nuevas generaciones en Argentina beben menos vino, pero de mejor calidad. En los últimos diez años, esto ha llevado a que los bodegueros se dediquen a cautivar nuevos mercados.
Es así como en la última década, el concepto de calidad de los vinos argentinos comenzó a cambiar, reflejando un estilo internacional en lugar del tradicional estilo local. Desaparecieron los vinos oxidados y comenzaron a elaborarse vinos frutados, con expresión varietal. Los ahora exigentes consumidores de la cosmopolita Buenos Aires marcaron rápidamente el rumbo de esta nueva tendencia.
Es por ello que actualmente los vinos argentinos son otro claro ejemplo de los vinos del estilo denominado “Nuevo Mundo” - que impl ica vinos vivaces, f rescos y complejos, donde predomina la intensidad frutal, en lugar de aquellos sabores apagados y ter rosos. Es este el est i lo que caut iva a los consumidores del mundo entero. Si bien Estados Unidos y Australia han sido sus promotores, Argentina viene demostrando un gran compromiso con este estilo de vinificación.
Los viñedos de Argentina se encuentran en valles o planicies tórridas, que de no mediar la irrigación, serían literalmente desiertos. Muchos de ellos se encuentran en zonas altas, con intensa radiación solar y marcada amplitud térmica entre el día y la noche. Estas condiciones favorecen una adecuada maduración de los granos, con altos niveles de azúcares, entre sus características principales. La vid aquí da granos maduros y concentrados. En lo que respecta al carácter del “terroir”, son vinos intensamente frutados.
Como sucede actualmente en casi todos los países productores, los argent inos cuentan con numerosas hec táreas de Chardonnay. Dentro de esta variedad, y como muestra de que este país es capaz de producir vinos de calidad internacional, podemos citar al vino Catena Alta Chardonnay 2002 ($30), untuoso, de excelente estructura, con un final largo y envolvente.
EL PROSPERO MALBEC
Argentina sorprende aún más con sus tintos. En ocasiones se encuentra algún excitante Merlot o Syrah, pero son hoy el Cabernet Sauvignon, el Malbec y diversos cortes, los que resultan realmente dignos de probar.
El Malbec, variedad francesa de la zona de Cahors, que integra algunos cortes de Burdeos, alcanza en Argentina un expresivo sabor, más bien dulce - que suele recordar a la violeta y el regaliz. Cuidadosamente vinificado, da vinos de una textura sedosa muy particular. Es una de las pocas variedades de uva que claramente se da mejor en el Nuevo Mundo que en los países del denominado Viejo Mundo.
Catena Alta Malbec 2002 ($45). Su precio vale lo que es: un vino equilibrado, de gran complejidad y elegancia, con el que muy pocos Malbecs pueden competir. Este vino, para ocasiones especiales, puede beberse ahora o bien incrementar su potencial de aquí a los próximos cinco años, durante la estiba en botella.
VINOS TINTOS DE CORTE
Algunos de los vinos más finos de Argentina son tintos de corte. Tal vez, uno de los vinos de corte más acabados y elegantes sea el Nicolás Catena Zapata 2001 ($85). El bouquet es complejo, con abundantes f rutas rojas maduras. De ext raordinario equilibrio y de taninos firmes, pero sedosos ”